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LIVRO DAS QUEDAS
LIBRO DE LAS CAÍDAS
2005 e inéditos
Muchas maravillas existen, pero ninguna
tan prodigiosa como el hombre (...)
Recursos tiene para todo
sólo la muerte no ha conseguido evitar, aunque
haya inventado defensas para luchar
contra las enfermedades traicioneras.
Sófocles, Antígona
1
Un hombre
va en su cuerpo
y de repente
cae. Oigo
desmoronarse
la sílice del
corazón.
Y oigo tambiénla
tiera y el aire
que acogen los
huesos
del hijo pródigo.
En sí este
acontecimiento
no es nada original
pero duele. El
viento
del otoño
muerde mis huesos
y duele.
14
Asisto a mi muerte
como quien sorprende
el nacimiento de un
ángel.
79
Húmeda noche la del
amor donde me pierdo
aunque me tumbe al
sol de las playas –
aunque me limpie en
las dunas íntimas
donde se adensa la
luz más cruda.
Húmeda luz severa
que me acompaña
en este canto breve
que no sé cantar –
en este río cansado
que no se cansa
de navegar
117
Si el mundo no tuviera palabras
la palabra del mar, con toda su pasión,
bastaría. No le falta
nada: ni el enigma ni
la obsesión. Entregado a su oficio
de gran hospitalero
el mar es un animal que se renueva
en cada momento.
El amor también. Un mar
de pocas palabras.
136
Ando por aquí para
ver si encuentro
un hombre. No hay
ninguno, me dice la Razón,
“El hombre es sólo
una imagen”. No es
así, me dicen los sentidos,
después de haber
convivido
con muchos hombres
y mujeres. Y vuelvo
hacia atrás para ver mejor —
y me sumerjo entero
en las aguas turbias
de la humanidad.
Otras aguas
no hay, la
transparencia
es una ficción de
poetas felices,
y también hay pocos.
Y entonces
cada hombre que voy
encontrando
y cada piedra y cada
hoja y cada gota de agua
me parece
un milagro.
170
Un hombre va en su vida,
transporta cuidadoso la balanza
del corazón, y de repente
cae. Y duele, el alma
duele, los huesos
duelen menos. Un hombre
duerme donde se tercia, una botella de vino
ayuda - duerme en una almohada
de paja o en los brazos del aire
y se aleja muy lejos en su cuerpo
cansado, y duerme, reposa
a pesar de todo __ pero el alma,
señores, el alma no va en eso, ella continúa
doliendo doliendo. Un hombre
se envuelve en las aguas del sueño
y acaba en la hondura más profunda
de la madre. Está
oscuro __ se lleva allí para dentro
la experiencia del mundo y ya no es
lo que era, ya no encuentro
la paz
de cuando había una noche
acogedora - ya no hay
nada. ¿La piedra del aire cae encima de mí
o soy yo quien en ella
pacificado cae? Duele, amigos míos,
la loba a la que llaman alma
duele -
no desarma. Canto. ¿O es
un llanto? Cantaré
más hondo, más hondo todavía, un canto
cavo
de quien regresa a casa
y ya no hay casa.
201
Quien amó aún ama,
va a oír toda la vida la canción furtiva,
va a oírla y a cantarla
al acaso de los vientos que traen
de Occidente y de Oriente
árboles y respiraciones animales
que supuran la fiebre del mundo < quien amó
aún ama, va a cantar
toda la vida
el nido de mujeres donde se juntan
la tierra y el cielo, va a aceptar
el dominio de las aguas sedientas
sobre el hueso y la piedra: el gran oficio
es transformar la tierra en hueso
y el hueso en carne
desamparada. Quien amó
no sabe nada, va a caer
toda la vida. Pero ¿qué fuerza es esa, si no es
un saber? Un saber de bocas invisibles
y del enigma de las aguas que son alcohol
de la carne y pájaro que regresa
al nido de la madre. Quien amó
va a amar
toda la vida.
244
Alguien me dijo que
ciertas aves lloran
cuando les falta el mar
por mucho tiempo. No me parecen
tristes. Triste soy yo
delante de las olas
de cuando fui joven. Su sombra
en la arena
tiene el mismo dibujo
que mis ojos vieron cuando había
paisajes. Ahora,
sentado en mi roca,
ya no sé si veo la naturaleza
o ella me ve a mí. Somos
la misma boca, el mismo ojo oscuro
que reproduce
la sombra y su luz.
415
Esta cosa a la que llaman amor
es un niño que salta donde soy viejo,
yo que vengo de milenios viajando
de reino en reino. Polvo
intenso.
Salto y bailo y soy contaminado
por aguas montañosas que mantienen para siempre
el río febril. Los árboles, en la orilla,
se doblan a su paso.
Puedo llamarlo amor,
pensar en la luz cruda del nacimiento o simplemente
nacer de nuevo sin desear
cosa alguna. Pensar es ejercicio de palabras
y hay momentos en que sólo el silencio
o el sexo en el sexo
o un grito
dicen lo que se quiere decir.
Heraclito. Platão.
433
Soledad
acompañada.
Estoy desnudo y vago por la casa
con el sexo en la mano
imaginando que lo tengo aún
dentro de ti, en tu boca, en el laberinto
mínimo
de tu respiración.
En la gruta sagrada
donde recupero la infancia -
y todo es nada.
Amor es esto: prolongar la voz
y las folladas prolongarlas
como si fueran olas de un mar
personal. Un mar que no se acaba.
Crudo y místico.
Oírte gemir
y gemir contigo
es un regreso al paraíso.
El pájaro obsceno, el bicho natural
se arrodilla
dentro de ti.
434
Empiezo a creer que hay dioses
pues me protegen. Tengo 66 años
Y bebo y como y amo como si tuviera
30. Empiezo a confiar en esos cabrones
en los que nunca creí - o que sólo habían sido
acné adolescente. Miro las estrellas,
y pienso: me iluminan
sin quemarme. Miro a las mujeres
y digo: no hay savia
más luminosa. Sus nidos
me acogen. Sus bocas
se abren tristes y canto en ellas
como un pájaro en el cielo azul. Y ellas,
rastro de los dioses, sonríen.
437
Si fui
engendrado para un tiempo escaso
ábreme las
piernas, mi amor, déjame entrar
en el
paraíso de donde nunca
debía
haber salido. Por eso no preparo la muerte,
me arrojo
entero dentro de ella.
Si la vida
es breve para tanto conocimiento
me entrego
a lo poco que sé y a lo mucho
que me
falta saber del vasto mundo.
La escucha
comienza en tu cuerpo
y la luz
sólo me llega cuando en ti muero.
Salustio.
Séneca.
448
Te amo. Me basta un pájaro,
o un árbol
para que me transporten al jardín
de ti < un libro, una palabra, o el peso
del silencio
para que me lleven al pozo de ti,
a tus ojos que ofuscan
el cristal de la mañana; a tu boca
acercándose a mi piel
como si regresara a casa.
Cantarte es deshacer la niebla de mi vida,
deshilar una llama, en lento arder,
que no se veía. Y me basta un vino
o tu lengua,
o su memoria,
para que en mí se disparen aguas
trémulas < todavía son - < y por eso
cuando te amo
soy un poco esa montaña que teje con el viento
un combustión muy lenta muy paciente
como si todo el fulgor de la vida
se concentrase en los valles y en los ríos de tu cuerpo
inagotable. Te amo. Me basta
una sonrisa para que se abran
venas adormecidas < un gemido,
y entro en fuentes como si nunca
hubiera salido de ellas. Aguas distantes
que me inundan.
466
I
La boca del amor,
un vaso de arcilla voladora,
ha invadido la casa.
Ya no sé cantar.
Donde fui llanto
y
tierra oscura
soy ahora llama
y
desmesura.
II
Una isla es una roca
en el mar. Mi sexo
en el tuyo. Sólo me queda
cantar.
III
Cuando me amas
no miras hacia atrás.
Haces lo que yo digo:
“La vida es esto
y
nada más”.
Bebes mi sexo
como si fuera
la última morada.
517
Escribo con tu sexo
en los ojos. Acerco la lengua al suelo
donde una flor de carne brilla.
Tu mirada se derrama en las arenas de mi cuerpo,
tus uñas, en la raíz de mis cabellos,
tu lengua, en mis músculos más íntimos.
Te amo, mujer pequeñita y más leve
que mil galaxias; más densa que ruinas
acabadas de nacer. Florezco en tus tierras
mientras entera te alojas
en mi sangre. Beberte y ser bebido
por ti: ¡aurora! Comerte y ser comido por ti
en gloria. Déjame ser el eterno adolescente
de tu noche; deshacerme en conchas
donde la luz se aloja, y su sombra.
Santo
Agostinho. Camöes.
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Casimiro de Brito
Eros
L’ érotisme ne peut être
entièrement révélé
sans la poésie.
Bataille, Les larmes
d’ Éros
Eros is, in man, a
complex idiom, a semantic act
involving the
entirety of the person.
George Steiner,
Extraterritorial
1
La muerte no existe.
Todo es sexo y canto.
2
Eros es un monte. ¿Alto, bajo? Unos suben, otros bajan. O: unas veces subimos,
otras bajamos. E incluso cuando somos dos, una pareja, no obstante apasionados –
no subimos o bajamos al mismo tiempo. Y este monte, de Eros por mí llamado, no
tiene un altiplano, no hay en él un lugar de reposo – un jardín de las delicias.
¿Instantes de delicia? Ah sí.
3
Amor, pasión, admiración, gozo sexual, palabra clara, eres bella, eres bello,
complicidades mil, de la piel y de la palabra, todo nos une pero lo que nos
mantiene terriblemente encendidos y despiertos y ávidos del deseo del otro es el
secreto, el secreto que buscamos, que nos lleva a sentir que siempre es la
primera vez – un secreto que no sabemos cuál es, ni siquiera si existe. El
secreto es el peso indefinido de la penumbra que nos une y que todos los días
vamos transformando en una luz que nunca dejará de ser oscura, puesta en duda, y
aun así nos ciega.
4
No tengo miedo de la muerte, ya está aquí – Me dice Sibila, pero ¿dónde la
pasión, que todavía no es, o que fue y se dejó cubrir de nieve, dónde empieza a
arder? ¿Cómo se expulsa lo que nunca podrá acabar?
5
Eros e Philía. Tal vez yo pueda ser tu amigo cuando salgas de mi vida. Ahora no:
te amo y te deseo y quiero que me ames. Amar amando es dar lo que se tiene, lo
que ni siquiera se sabe si se tiene. Decimos estas cosas, más con gestos que con
palabras, cuando deambulamos por los lugares sagrados de Astarté, la diosa de la
Luna, y nos bañamos en la cascada que lleva su nombre y donde los amantes del
culto al amor se miran a los ojos desde hace milenios. Astarté fue diosa de los
navegantes fenicios y recorrió el mundo de la época en sus barcos y en sus
corazones: ahora soy yo que la llevo conmigo, y me basta mirar al cielo para
sentir vuestra fertilidad y el ciclo de la muerte como cosa natural.
6
No busques la pasión.
Ella, que no sabes dónde está,
te encontrará.
7
Ah pero la floresta, el caos, vuestro cuerpo desenfrenado, nunca ha dejado de
existir. Un jardín de Oriente, de ese Oriente de donde me llega el mayor caos,
la paciencia y la fuga, el dolor y el gozo, el deseo indescifrado. Uno de
nosotros va a coger el primer avión. Uno de nosotros lleva al otro la carne que
gotea directamente del sol.
8
Contigo y sólo contigo se funden
Eros y Philía: el deseo, la ternura, el placer de las ideas y la pulsión
infinita de integrarme en tu sangre. Darme y recibirte totalmente. Desreglarme.
Oírte decir que sueñas en mí noche y día, en la mente y en la carne. Sentirte
abierta a todos los vientos. Entrar contigo en las islas humildes y turbulentas
que vamos dejando por el camino, los cuerpos heridos, en esos hoteles donde
fuimos afables bichos sedientos, sin noción de los días y de las noches, hasta
caer rendidos. Y así será hasta que uno de nosotros, en los brazos del otro, sea
llamado.
9
Hay una música pero no la oigo. Me inclino sobre el sonido del mar.
Después sobre tu sueño, como si fueras otra.
10
Pasión antigua. Que florece cuando la savia parecía haberse secado. Abres,
sonríes en tu dolor y yo entro. Entré siempre que abriste y fuiste abriendo
siempre, de cuando en cuando, con igual pasión. Siempre fue así, a lo largo de
veinte años, desde la primera mirada. Tú en carne viva, yo refugiándome en la
viva carne de todo. Andróginos, dices, cuando en mí te fundes.
11
En la montaña nevada. Estamos cansados o deseamos descansar, sentimiento
indefinido de cuerpos insaciables. Va a la terraza y trae las manos llenas de
nieve, que esparce por mi sexo y luego por el suyo. Fuego negro.
12
Tu sexo oscuro
no es un lugar vacío –
¡tantas estrellas!
13
“Cuando te haga una señal, síguelo”, dice Khalil Gibran sobre el amor. Otra cosa
no hago sabiendo, sin embargo, (entre ruinas) que los otros, los que dependen de
nosotros, no pueden ser arrastrados a la invasión de esta pasión. Hay un corazón
despedazado que paira sobre unas montañas distantes inclinadas sobre un mar
antiguo. Allí arriba, cuando estuve en la cabaña de Khalil, veía sólo el azul
mediterráneo y la complacencia de los montes. El dolor aún no se había mezclado
con el deseo.
14
El sexo es un festín; amar, una ceremonia.
15
La verdad es otra; caímos de la sombra a la luz excesiva. El Edén fue el vientre
materno y la expulsión dolorosa del parto es sólo el comienzo de una partida que
no va a cesar. NO hay regreso sino dulces simulacros. Islas (sexos masculinos)
que regresan al mar. Lagos (sexos femeninos) que recuperan al hijo pródigo.
¡Tanta fundación! Los suaves viajes de la infancia iluminada. Escribas o no,
pintes o no, recordar es cantar. Por eso regresas o esperas que él regrese. El
sexo al sexo, las cenizas a las cenizas. No hay nada más pero puedo cantarlo de
mil maneras.
16
Fue Eros quien fundó la palabra y la cosa – el cielo y su memoria.
17
Olvidaron el fuego, el castigo, el
pecado, el infierno. ¿Amaba ella el adulterio? Sí, con pasión, con fidelidad. Se
olvidó de la hora de las oraciones. Se encontraba bajo el dominio y la promesa
de otra oración, de otra consagración del cuerpo. Oración donde el cuerpo
encuentra su ritmo en el caos y se orienta hacia su centro de gravedad, su
florecimiento, su reencuentro animal con el inicio de la leyenda del mundo.
Abdelkébir Khatibi, Pèlerinage d´un artiste amourex.
18
Toco la fuente
como un viento que separa las flores secas
de las raíces humildes de los últimos
jardines – como las lágrimas felices
bebo tu perfume, mi promesa
de vino. Busco en los caminos secretos
el fin del luto, el silencio de los abismos tranquilos
donde la sombra del lago es una metáfora
olvidada. Entro
en el ardor oculto
saboreando la migración de las noches blancas.
Mi sangre se convierte en naranja.
¿Y tú, mi amor, qué esperas tú
del navegador de las tinieblas?
19
“Buenos días, querida loca. Mi desnudez sueña contigo”. Del Antiguo Testamento:
Un día Noé, que había bebido mucho, entró en su tienda, se desvistió y su sexo
se elevó hacia el cielo. Su hijo Cam vio al padre y llamó a sus hermanos
diciendo: Venid a ver cómo sueña la desnudez del padre. “ Mi desnudez también te
ama y tiene mucha nostalgia de la tuya.”
20
Es natural que yo le haya dicho
después de habernos amado – o mientras nos amábamos: estamos en el paraíso. Con
palabras, con una mirada interrogante, con el sexo latiendo dentro de ella. Pero
después fui expulsado, todos lo s días la exclusión, la expulsión. El exilio.
Los otros entrando en nosotros por la memoria y por el deseo sordo, y
separándonos uno de otro. Existe. El paraíso, pero está siempre en el filo de la
navaja o al final del pasillo. Sea en el cuerpo o en la palabra. ¿Quién no
enloquece?
21
Me gustaría morir
en casa de mi amada:
laguna sagrada.
22
Un animal: el sexo del hombre. Otro: el sexo de la mujer. Un animal dentro, en
el centro, entre las piernas de otro animal. Despierta. No siempre se despiertan
al mismo tiempo, el hombre y la mujer, vivan juntos, estén tumbados lado a lado.
En todos los casos es el paso, o no, de un mundo a otro: del caos a un orden:
también ello un poco enigmático. Siempre bajo una cierta violencia íntima (una
con-fusión indefinida) que desea violar y ser violada –una aproximación del
crimen y de la muerte. Es necesario destruir lo que existe (los yoes defendidos
por la piel) para expresar la realidad erótica y crear (forzar) un nuevo estado
de cosas. Yo quiero al otro como él es pero voy a transformarlo y deseo que él
me transforme – es esa la esencia y el destino de la sexualidad, sea ella la
reproductiva o la del juego amoroso, enigmas ambos indescifrados. Lenguajes
haciéndose.
23
Sólo la muerte limpia y cura. Y
sólo las mujeres, tal como la muerte, tienen el poder de escoger, depurar,
filtrar, separar del rebaño de los que van a morir los que le dan, enigmática
ciencia, más garantías de futuro – o bajo la forma de hijos o de otras hipótesis
de supervivencia, de pasión silenciosa.
24
Siento el olor de las rosas más allá
del ardor blanco, el de las palabras;
signos de una pareja, en un laberinto
de sonidos, perfumes, heridas, cicatrices
de la otra vida, del éter y del sexo
que todas las cosas encierran: así es la sed
del naciente. No me olvido de nada, ni de las guerras
ni de los paraísos. Me arrastra
mientras me escondo bajo las lágrimas
que no lloré, yo el hermano
de una mujer sedienta de mi cuerpo
en busca del éxtasis. Quisiera tumbarme
a
la sombra de tus higueras.
25
Mi deseo, en el amor y en la poesía, es el mismo: sexo y canto en todo lo que
toco. Las palabras rara vez se alejan mientras amo – tal vez sólo cuando la
muerte me vive. La pulsión erótica jamás se exilia de mis poemas, aunque hable
de piedras que estarán siempre llenas de tensión. Van a la cama conmigo. Mi
cuerpo aún quiere fiesta y más y más. OH que bueno fue haberme liberado de la
monogamia.
26
La tierra se estremece cuando sobre mí te elevas.
27
Las manos de la mujer en el rostro del hombre, y después en los hombros – las
manos del hombre en la cintura de la mujer, y después en las nalgas. Movimientos
en los que casi se detienen. Parecen parados en el tiempo por un momento. Pero
después hay otros, los cuerpos se abren y se cierran en espiral, en las varias
maneras de invocar a la muerte, que no se hace esperar. Anda por aquí un
simulacro de religiosidad, de cosa mística, de llamada de un desierto más
relajante que un oasis. Cosas afines. Pero siempre el regreso al cuerpo. Las
piernas del hombre concentradas en el cristal fascinante entre ellas, las de la
mujer, toda ella abierta, en los hombros del hombre. Centellean.
28
¡Aidoni!*
¿Tímido, yo? Te amo tanto que tengo miedo, sólo eso. Miedo de desviarme de una
cierta harmonía que no sé cuál es. Dos amantes, dos líneas paralelas que
súbitamente se desvían un poco. Cuándo, ni ellos lo saben. La misma pasión, dice
el uno al otro, pero no es así.
*Aidoni:
palabra árabe que significa tímido.
29
Tu cráneo
en mis dedos lancinantes –
y
allí dentro, la muerte.
30
Soñé contigo: una mirada, tu cuerpo alucinante apretado sobre el mío, tu figura
engullida por la noche y por el viento en la terraza de la casa de la playa. La
neblina colorida del mar Mediterráneo. Ella, que eras tú, alejándose y
acercándose, infinitas veces, sonriendo leve. Me desperté y lloré. Las nubes se
van más y vienen menos. Canto y lloro y recuerdo cada uno de nuestros instantes
en la casa del amor. Te deseo con ternura. Son gemelas la llama y la flor, la
pasión y la amistad. Y te digo. Y respondes: “Te amo con la misma locura pero
ahora más sabiamente.” No entiendo.
31
Un monje Zen se inclina para amar ora el suelo de su montaña, ora la tierra de
la mujer que se le entregó. Desnudo bajo su túnica el monje agarra su sexo y
golpea con él el transitorio tambor de jade. La mujer lo acepta y le da a cambio
el infinito de sus aguas. El monje se queda sabiendo que hay una quinta
estación, la mujer se abre para recibir el pequeño sol, y luego lo deshace. Se
acuestan lado a lado y se alejan después de haberse encontrado. Después se
buscan de nuevo pero ahora es el monje quien tiembla debajo de la mujer. La
sangre del bonzo empezó a correr.
32
La pasión amorosa es una amistad (una conciliación a dos) llevada hasta la
locura. Es más que vivir el instante, sin dejar, no obstante, de gozar o sufrir
cada matiz del instante. Amor es el deseo que me causa tu belleza total, siempre
moviéndose, y que respeto. Quiero decir: si la mujer que amo ya no me ama con
igual intensidad, debo partir porque en mi concepción amor es lo que se vive
entre iguales, al mismo tiempo, aunque les sea impuesta una separación. Si me
dices que el amor es irreal y fantasmagórico y que tienes miedo al mismo tiempo
que te abres, todo bien; si te cierras, también estará bien pues el amor es un
pájaro, o debía serlo, sólo preso de su libertad. Por esto estoy siempre
diciéndote adiós, y tú a mí.
33
Camino sobre el suelo
de mi amada, en las nubes
de la boca sellada.
34
Izumi: “¡El aire tan fresco! ¡Los pájaros cantan felices! ¡Qué voz magnífica y
qué orgullosos parecen con ella! ¡De repente dominan la bellísima voz que tienen
y entran en el silencio absoluto! ¡Ah qué feliz me siento por despertar así,
todos los días, y después me quedo pensando si oirás, tú también, de lejos, el
mismo canto! ¡Todas las mañanas! ¡En mi ventana y en la tuya, tan, tan
atareados! ¿Qué pensarán ellos de nosotros? ¿Puedo ir a verte a Fermo? Te tengo
en mí pero necesitamos vernos más, ¿no? Continuar nuestra traducción de Bashô y
más, mucho más.”
35
Un misterio que nunca sabré descifrar: las alas rotas aún vuelan. La voz ronca
aún canta. El sexo cansado aun se levanta. ¿Y qué decir de mujeres que nunca
sabré descifrar? Abren sus bocas y dicen, Cai, regresa a tu lugar. Nunca dejaré
de cantar.
36
La pasión es una dolencia que transforma al hombre en una libélula incendiada.
Más breve que sus cenizas.
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